Isaías Alvarado/
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Una bala dejó cuadrapléjico a Erick Sorto hace ocho años, pero le dio sentido a su vida.
“Quería cambiar, ya me estaba cansando, pero no miraba la luz hasta que me dieron el balazo”, cuenta Sorto, un ex pandillero del Este de Los Ángeles que terminó postrado en una silla de ruedas y con dificultades para hablar, luego de ser agredido por miembros de una banda rival.
En el tiroteo, registrado a plena luz del día, un proyectil acertó también en su acompañante, otro pandillero, cuando detuvieron el vehículo en el que se transportaban en una señal de alto. “A él le tocó el balazo en la cabeza; él murió″, recuerda.
Después de ese trágico incidente la vida de Sorto dio un giro imprevisto. Primero, porque sólo le quedó movilidad en la cabeza; y segundo, porque se convirtió en un ejemplo de lucha y en un activista de programas antipandillas.
Tres veces por semana acude a una escuela secundaria en Compton, donde expone su experiencia como el precio que se paga por ser parte de un grupo delictivo.
“Trato de cambiar las vidas de los jóvenes, es muy difícil pero trato”, dice quien fue sometido a una cirugía de garganta y ahora habla a través de la tráquea con una voz electrónica.
“Lo hago para que los jóvenes no caigan en esas mentiras que son las pandillas: que son familia, que son amigos. Pura mentira, solo quieren impedirles tener un futuro mucho mejor, más grande”, comentó a La Opinión.
Y ese espejismo del que habla Sorto lo plasmó en el libro Devolver, el costo de convertirse en pandillero, que escribió con la ayuda del profesor William Wallis.
“Todo se paga en la vida”. Así resume el joven el relato sobre su paso por la pandilla White Fence y su abrupta salida.
“Digo la verdad”, explica.
Pese a su condición física, Erik da la impresión de ser un joven independiente. Con el cuello dirige la silla de ruedas que lo transporta, contesta el teléfono celular y escribe por computadora.
Con esa misma tenacidad dejó a un lado sus años de tristeza —acostado en una cama y mirando el televisor— para ingresar como flamante alumno al Colegio Comunitario Los Ángeles Valley.
¿Cómo pudo estudiar la universidad un alumno cuadrapléjico?
Lo hizo con la ayuda de audio-libros y utilizando una boquilla para escribir en su computadora.
En estos días, Erick Sorto se graduó de la carrera de sociología. Pero no se han acabado sus días como estudiante. Sus planes son continuar su formación académica en la Universidad Estatal de California en Northridge (CSUN) y convertirse en un agente de libertad condicional de menores.
“Estoy haciendo lo que necesitaba hacer, lo que me enseñaron hacer”, expresó. “Mi mamá siempre me dijo que no me metiera en pandillas. Ella siempre me apoya, no me ha fallado, somos uno mismo”, relata.
El Ayuntamiento de Los Ángeles reconoció a Sorto por ser un ejemplo de perseverancia. Quienes escucharon la historia de su vida de boca de la concejal Wendy Greuel, en la sesión de Cabildo, no dudaron en ponerse de pie para aplaudir.
“Lo que hago ahora es regresar algo bueno a la comunidad por todo el mal que causé”, señaló Sorto.
El libro Payback: The Cost of Being a Gangster, de Erik Sorto, está disponible en Amazon.com.