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(August 26, 2009)
By RUBÉN MORENO
Published: 8/25/09
A medida que los alumnos de educación superior terminan sus vacaciones y se incorporan a un nuevo curso, cada vez son más los que comprueban que no tienen cupo en aquellas asignaturas que necesitan para su carrera o que algunas clases que pensaban cursar fueron canceladas.
Los recortes impuestos a la educación por el estado están comenzando a pagar factura entre quienes estudian tanto en UC como en Cal State (los dos sistemas públicos de universidad). Despidos y ajustes que han obligado a las instituciones educativas a ofrecer menos clases y a ubicar más estudiantes por salón.
Melissa Kiesser, quien comenzó ayer su segundo año en Cal State Northridge, tuvo que matricularse en una clase de astronomía y otra de matemáticas, pese a que no corresponden con su licenciatura en comunicaciones. En las materias que realmente necesitaba, salvo dos, ya no se ofrecían más plazas cuando llegó a registrarse.
“Todas las clases están llenas y no me agrada tener que tomar aquellas que no me interesan, pero me registro en las que hay espacio para completar al menos 12 créditos, porque si no me quitan la ayuda financiera”, dijo Melissa.
Aquellos alumnos que cuentan con becas necesitan comprobar que son estudiantes a tiempo completo. Esto obliga a muchos, como Melissa, a inscribirse en clases que realmente no necesitan.
“No hay duda de que hay muchos estudiantes afectados, a pesar de que nos esforzamos para encontrar un lugar para ellos en las clases que requieren”, reconoció Harry Hellenbrand, vicepresidente de relaciones académicas de Cal State Northridge, donde sus administradores han tenido que recortar entre 300 y 400 clases en el presente curso, ante la falta de fondos del estado.
El sistema de Cal State aprobó recortes por un valor de 560 millones de dólares, equivalentes al presupuesto completo de dos campus, al tiempo que aumentó este año las colegiaturas en dos ocasiones totalizando casi un 30%.
“Al final, los alumnos terminan pagando más pero teniendo menos clases”, agregó Hellenbrand.
Tal es la queja que cita Víctor Sánchez, quien preside la Asociación de Estudiantes de UC.
“Las colegiaturas aquí han subido un 10%, pero la calidad de la educación que estamos recibiendo se está yendo para abajo”, dijo Víctor, quien cursa sociología en UC Santa Cruz. Aunque todavía no ha comenzado clases este año, el curso pasado ya experimentó lo que es tener que lidiar con el cupo.
“Me hacía falta una clase y la maestra me dijo que esperara dos semanas porque entonces habría espacio. Pero después de las dos semanas no lo hubo, así que tuve que estudiar otra clase que no necesitaba para no perder la ayuda”.
“Lo que está sucediendo es que muchos terminan prolongando sus estudios, y en lugar de graduarse en cuatro años lo van a tener que hacer en cinco o seis”, añadió.
En UCLA, donde las clases comenzarán a finales del próximo mes, sus administradores enfrentan un 20% de recortes en el fondo general. Actualmente, el senado académico está estudiando la forma en cómo se harán los ajustes de forma que impacte al menor número de estudiantes, pero se afirma que “habrá menos clases y salones más poblados”.
Situación similar se vive en los colegios comunitarios del estado, donde a la falta de clases se suma un alto porcentaje de personas que quieren ponerse a estudiar, debido a la falta de empleos.
En el Colegio Comunitario Trade Tech de Los Ángeles, donde inician curso el próximo lunes, se han reducido un total de 480 clases, el 22% de las que componen la oferta académica.
“Se han recortado las que son menos populares, aunque estamos experimentando mucho registro de estudiantes que harán que las demás se llenen enseguida”, explicó David Ysais, portavoz del centro. “La sugerencia ahora, para los estudiantes que se registren, es que no se esperen: si hay una clase disponible que se matriculen en ella porque dentro de dos días no sabemos qué va a pasar, y es mejor estar matriculado que no ponerte de nuevo al final de la línea”.
Ysais señaló que aquellos cursos de carreras técnicas ya se encuentran bastante solicitados, pero que ayer aún había cupo para matricularse en asignaturas como historia, inglés o filosofía.
Victor Orellano tendría que haberse graduado de técnico automotriz este año, pero debido a que no ha podido tomar todas las clases por las cuestiones mencionadas, tendrá que hacerlo el curso próximo.
“Todo esto es un retraso educacional y crea un trauma a los estudiantes”, comentó el alumno de Trade Tech, quien se registró en una clase de inicio de computación ante la escasez de plazas en aquellas que le hacen falta para su especialidad.
Publication: La Opinion (in Spanish)